Cuando se cuestionan o simplemente se señalan las más que evidentes contradicciones, miserias y crisis periódicas de su economía aplicada, la respuesta es doble y graduada:
1. No puede hacerse otra cosa; estamos insertos en la cadena global y pocas decisiones pueden tomarse desde los niveles escasamente autónomos de los gobiernos nacionales.
2. ¿Cuál es la alternativa que se plantea? ¿Qué plan B se tiene previsto? ¿Qué modelo econométrico puede sustituir al presente? ¿Qué otra visión económica puede garantizar similares niveles de producción, distribución y satisfacción de las necesidades que la vigente?
Observen los lectores que de manera subrepticia introducen en la mente de los contradictores la idea de que la Economía es, además de lo que señalé al principio, una ciencia que se constituye en fin, en meta, en objetivo quiliástico de la acción social, en la explicitación de un logos ineluctable. Nunca se avienen a discutir acerca de que dicha ciencia económica pudiera ser un instrumento científico, pero instrumental y al servicio de proyectos informados por otros parámetros de visión ciudadana.
Pero hay más. Los que nos retan a dar repuestas al aquí y al ahora vienen exigiendo esa misma respuesta en otros aquís y otros ahoras. Es lo mismo que se dijo cuando Mäastricht, cuando la moneda única o cuando el paro, la precariedad y el ladrillo empezaron a configurarse como algo endémico en nuestra economía. Al reclamar la inmediata respuesta eliminan los orígenes y las causas; transforman la Historia en flashes, secuestran el proceso y actúan como quien pretendiera ver una película observando fotograma tras fotograma. Y así nunca entran en la memoria, en los datos como acumulación histórica, en la reflexión, en el saber racional. Es el juego binario y robotizado del afirmativo-negativo. Para estos intelectuales orgánicos del sistema, nuestra vida y nuestras vicisitudes no son sino una yuxtaposición de infinitos presentes. Por eso, para abordar una respuesta alternativa a la situación presente hay, como método y como propedéutica, que recordar siquiera someramente las causas del por qué estamos así. La reforma constitucional perpetrada por PSOE y PP no ha hecho otra cosa que endurecer las condiciones que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento del Tratado de Mäastricht contenía. Lo cual viene a subrayar que no hay posibilidad de afrontar la situación presente, para superarla, sin traer a la memoria el origen de la misma. La crisis y sus consecuencias no son accidentes ni efectos colaterales del devenir de la única economía posible sino consecuencias de su propia entidad, de su propia razón de ser. Pedir que demos salidas "técnicas" o "recetas" para mitigar el mal es como intentar curar a un enfermo de tifus a base de medicamentos pero sin hacerle abandonar la astrosa yacija del barrio insalubre en el que vive.
Pero si aceptamos el reto de entrar en el debate propositivo debemos dejar bien sentados una serie de cuestiones y principios que paso a enumerar:
1. La respuesta alternativa debe, en este momento, incardinarse dentro de la legalidad vigente. Sobre todo si se tiene en cuenta que el sistema se mantiene en función de un permanente incumplimiento de la Ley que dice defender. Piensen mis lectores en los contenidos de política económica y social del texto constitucional de 1978 y su permanente conculcación por los gobiernos de turno. A título de ejemplo comparemos los contenidos del artículo 31 de la Constitución y su contraste con la política fiscal de los gobiernos habidos desde la Transición. E igualmente podemos decir de la legalidad vigente en la UE: Derechos Humanos, Carta Social Europea, etc.
2. Cada medida propuesta debe llevar el germen de la siguiente; es decir, la puesta en marcha de cualquier punto del programa alternativo debe asemejarse al impulso inicial que pone en marcha el proceso de caída propio de las fichas del dominó. Las consecuencias lógicas del proceso llevarán consigo una dinámica de progresión y de permanente aceleración.
3. Debemos ser conscientes de que el problema de una política alternativa es mucho más político que técnico. El proceso hará viables las propuestas en la medida en que haya acopio de fuerzas, alianzas y apoyos.Y ello conlleva la necesidad de afrontar un intenso debate ideológico para el cual debemos prepararnos. No olvidemos que una experiencia como la que se propone no podrá abrirse paso sin apoyos sociales y sin un conjunto de valores y opciones confrontados ideológicamente con los mantenedores del sistema.
4. Y es precisamente en la lucha ideológica en la que debemos ser portadores de una serie de principios, valores y opciones perfectamente racionales, necesarias y evidentes desde la experiencia cotidiana. Expongo algunos de ellos:
4.1. Desde la inmediatez de lo concreto y desde el ejemplo diario, nuestras propuestas deben llevar al cuestionamiento de lo que ha venido en denominarse "trinidad capitalista": mercado, competitividad y crecimiento sostenido. Toda una lucha de enorme tensión porque los citados conceptos han calado en el imaginario colectivo como verdades ineluctables. Y sólo pueden ser desmontadas desde el método socrático enraizado en la lucha diaria y en la reflexión subsiguiente.
4.2. En estos momentos en los que la ciencia económica es presentada como un dios inexorable que no admite contradictores ni tampoco una reflexión acerca de sus vicisitudes históricas, debemos, y siempre ligados a lo concreto, ir perfilando una posición política basada en dos formulaciones rotundas: - La ciencia económica debe supeditarse en sus desarrollos y despliegues técnicos a las necesidades de la biosfera en cuanto su mantenimiento y conservación como sustento de la vida. - La ciencia económica es una ciencia no de fines sino instrumental, al servicio de los objetivos que le marque la comunidad y el poder político que, emanado de ella, es permanentemente participado por esa sociedad. - Los objetivos no pueden ser otros que la consecución a escala planetaria de los Derechos Humanos y los medioambientales.
5. En la tesitura del hoy y como horizonte nada quimérico o lejano, debemos contemplar como hipótesis nada extravagante la salida de España del euro.
Los objetivos del programa
Recordemos que se había puesto como condición la consecución de los apoyos y alianzas necesarios como necesidad para dotar de fuerza social y política al proyecto. Esas aportaciones de impulso popular no serán posibles si no ligamos nuestras propuestas a objetivos sentidos como inmediatos, perentorios y urgentes por parte de la sociedad. A mi entender, para conseguir ese objetivo se impone un proyecto programático que se concrete en dos secuencias, una de tiempo, otra de contenidos.
La primera es un decálogo que, junto con su sencillez y oportunidad, tenga la capacidad de ser memorizado con toda facilidad. Helo aquí:
1. SMI (salario mínimo interprofesional) de mil euros al mes. Es exactamente el 72% de la media de los 6 países de la UE que lo tienen más alto: Luxemburgo (1.610 euros), Irlanda (1.462 euros), Holanda (1.347 euros), Bélgica (1.336 euros), Francia (1.321 euros) y Gran Bretaña (1.148 euros).
2. Ninguna pensión por debajo del SMI.
3. Extensión de la prestación por desempleo.
4. Reforma fiscal: progresividad, persecución del fraude y la economía sumergida.
5. Banca Pública como corolario de la privada y las cajas de ahorros.
6. Poner en marcha, en España, mecanismos que graven, dificulten o impidan la imposición de fondos en paraísos fiscales.
7. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía.
8. Inmediato desarrollo de los artículos comprendidos entre el 128 y 131 (ambos inclusive) del Título VII de la Constitución vigente.
9. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía, a fin de evitar situaciones de oligopolio o monopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores.
10. Invalidar o dejar sin efecto los procedimientos judiciales contra las personas que de manera fehaciente puedan demostrar la imposibilidad de pagar la hipoteca y además carezcan de segunda residencia. No se propone otra cosa que el cumplimiento del artículo 47 de la citada Constitución española.
No se me ocultan las dificultades, oposiciones y escándalo orquestado con las que esta propuesta puede ser recibida. Desde dificultades de liquidez hasta inviabilidad técnica, se desplegará toda la panoplia de amenazas y descalificaciones. Pero quisiera hacer unas consideraciones:
Las propuestas pueden ser insólitas a la luz del discurso oficial, pero son necesarias, justas y, sobre todo, pueden concitar en torno a ellas una alianza de fuerzas sociales, políticas y culturales.
La excepcionalidad de las mismas no es otra que la aplicación de la legalidad vigente a una situación de excepcionalidad tenida y sostenida por el sistema como normal.
El decálogo es una propuesta que será viable en la medida en que arrastre el acuerdo con él y consiga el consenso social para llevarlo a cabo.
¿Caben otro tipo de medidas capaces de conseguir constituirse en referente y sujeto de debate social?
Los ejes programáticos estratégicos
El empleo como eje central del modelo. Una verdadera alternativa ha de situar en el centro de su estrategia la recuperación y expansión del empleo. Esto no es solo una cuestión de cumplimiento y aplicación de la solemne Declaración de DDHH, sino la base misma de la dinamización de la economía, habida cuenta de que el trabajador, el empleado, el profesional son también ciudadanos que acuden al mercado para requerir del mismo los bienes y servicios que necesitan. Como se encargan de mostrar los acontecimientos presentes, la caída de la demanda, a consecuencia de recortes, precariedad y cierres patronales, está en el origen de la depresión que se anuncia. Y ello conlleva que se debe ir pensando en modelos autocentrados, endógenos, y que, sin obviar la relación exterior, sí marquen unas pautas y unas prioridades.
Esta opción significa que los poderes públicos marcan los objetivos, instrumentos y plazos de la macroeconomía y la iniciativa privada los de la microeconomía. Asumamos que en el modelo actual capitalista el trabajo será crecientemente más escaso y la población con edad laboral más excedentaria. El incardinar la iniciativa privada en un nuevo modelo no puede obviar cuestiones tales como la jornada laboral, la índole del salario, la participación democrática en la empresa y el sentido de responsabilidad personal y colectiva de los trabajadores. Hoy en día y con la perspectiva que dan las necesidades de las poblaciones en esta civilización de grandes urbes, necesidad económica y mental de realizarse en el trabajo por parte de todos los miembros de la familia y la existencia de grupos poblacionales de tercera edad, junto con la necesidad de información, educación y cultura, corresponde a los poderes públicos la organización, atención y responsabilidad máxima en cubrir las necesidades que la sociedad demanda.
A mi juicio, son tres los acervos de necesidades y actividades consecuentes con ellas que forman lo que podríamos llamar los yacimientos de empleo a desarrollar por los poderes públicos:
1. La educación en todos sus tramos académicos así como en su concepción de permanente y reglada actividad para la ciudadanía, más allá de la titulación o especialización. Es aquí en donde la cultura y su difusión, goce y capacidad creadora tienen su encaje. Otrosí sobre la Ciencia, la investigación y la experimentación, tanto en su vertiente especulativa como aplicativa a la producción.
2. La sanidad pública y el mantenimiento de las condiciones de vida en plena salubridad, atención a lo largo de la existencia y con alto nivel de calidad. Obviamente que no me refiero sólo a los aspectos puramente sanitarios, sino que incluyo en ellos lo que hoy se conoce como asistencia social.
3. La dedicación a la investigación, cuidado y regeneración de los recursos naturales que el ser humano utiliza para su servicio. La atención al medio ambiente, el mantenimiento de la biodiversidad, las repoblaciones forestales, los cuidados al paisaje, flora y fauna, así como el mantenimiento del equilibrio en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, son además de una cuestión de urgente necesidad para la conservación de la especie , una fuente de tareas, trabajos, investigaciones y aprendizajes de primera magnitud.
Un sector público marcador de tendencias y estrategias. La creación de un sector público puntero, eficiente, director de la orientación de la economía, requiere una concepción mucho más participativa y controlada de la democracia. Favoritismo, corrupción, desinterés por lo público aún en aquellos que debieran cuidarlo con más esmero es algo a erradicar desde una nueva ética, unos nuevos valores y, ¿por qué no?, desde poderes públicos dialogantes, participativos pero firmes e intransigentes con los corporativismos, actitudes de ejercicio del cargo como una prebenda que se alcanza tras una oposición y a medrar. Un nuevo sector público tendrá que revisar muchos de los planteamientos, rutinas y actitudes acomodaticias que pueden lastrar el modelo. Un sector público para los sectores estratégicos de la economía: energía, transporte, financiación, industria pesada, distribución comercial, etc.
Una economía basada en la demanda de necesidades. Un modelo basado en esta opción implica una reconsideración sobre el actual modelo de consumo. Esto conlleva el cuestionamiento del modelo derrochador y depredador de los recursos naturales. Significa una atención preferente a los servicios comunitarios públicos y expandidos frente a la satisfacción individual y atomizada de los deseos artificialmente inducidos.
Un nuevo modelo de consumo significa la priorización de la utilidad de los bienes frente a la línea productivista de la obsolescencia programada o necesidad de que los bienes producidos caduquen en fecha temprana para conseguir así que la rueda de la fabricación, uso y desecho temprano mantenga una locura derrochadora de material, energía y trabajo humano por mor del capricho alentado desde los centros de decisión privados.
Una política laboral como ejemplo de la nueva época. En la base de esta política laboral debe estar una programación de la economía que regule la proporción entre la inversión deseable y el consumo.
En esta concepción, las organizaciones de trabajadores y la ciudadanía deben entrar en un debate que hasta ahora han esquivado, la cuestión salarial. Ya es hora de que, cara a las retribuciones y a unas nuevas relaciones laborales, se debatan cuestiones como la reducción de la jornada, la ponderación global del salario directo, el indirecto y el diferido y la participación de los trabajadores en la marcha de la empresa.
No podemos obviar que en lo inmediato tenga más importancia la expansión del empleo que los incrementos salariales, siempre y cuando cuestiones como las arriba indicadas estén en vías de aplicación.
Es obvio que un modelo como el que sucintamente he apuntado levanta escándalos, críticas y rechazos. Para su aplicación sólo es necesario el consenso y la participación democrática de la ciudadanía. Con respecto a esto, quisiera subrayar que Democracia no es otra cosa que un convenio permanente entre seres libres e iguales para seguir permanentemente conviniendo sobre su organización, sus instituciones y su pacto social.También podemos definir a la Democracia como la intermediación entre los seres humanos y la riqueza.
Los defensores a ultranza de este desastre en el que vivimos suelen motejarnos de utópicos. Bastaría un simple recordatorio hecho a lo largo de la Historia para afirmar que las utopías, todas ellas, tenían una cosa en común: eran técnicamente realizables. Así que, superado el aspecto técnico, solo nos queda la superación de las dificultades sociales, humanas e institucionales; la Política en fin.